Blogia
DNJ

Historia

EL CID

EL CID

Acontinuación colgamos un resumen de este heroe de la historia de nuestra Nación, para que podaís conocer un poco mejor su historia y su vida

Guerrero de la reconquista hispana y hombre de estado, de nombre Rodrigo Díaz, nacido en Vivar (Burgos) y muerto en Valencia. Floreció en la corte de Sancho II, rey de Castilla, como <> o portaestandarte del rey. Fue desde muy joven famoso en duelos singulares, que le valieron el sobrenombre de Campidoctor, Campeador. Los moros por él sometidos le llamaron  Cidí o mio Cid, esto es <>. Ayudó a Sancho II en las guerras fraticidas por las que este rey desposeyó a sus hermanos, Alfonso VI y García, de los reinos de León y Galicia. Pero Sancho fue asesinado cuando sitiaba Zamora (1072) y Rodrigo, como <> de Castilla, antes de reconocer al destronado Alfonso VI por heredero del reino, le exigió en Santa Gadea de Burgos el juramento legal de no haber tenido parte en el asesinato de su hermano; jura por la cual Alfonso VI miró siempre con recelo al Campeador.

      Destierro. Alfonso casó a Rodrigo con Jimena Díaz, hija del conde de Oviedo y sobrina del mismo Alfonso (1074); pero, desaprobando una incursión del Cid contra los moros de Toledo, le desterró (1081). Como consecuencia de la derrota que sufrió en Badajoz, a cargo del emperador africano almorávide, Yúsuf, el rey decidió levantar el destierro al Campeador; pero como éste acudiera en cierta ocasión con involuntario retraso, fue desterrado  por segunda vez, sin querer el rey oir su juramento exculpatorio. El proscrito volvió a combatir por su cuenta al rey de Lérida y, en en el pinar de Tébar (montañas de Morella), venció y aprisionó por segunda vez al conde de Berenguer de Barcelona (1090), el cual, ganado por la generosidad de su vencedor, le cedió el protectorado de aquellas tierras. Seguro por esa parte, se decidió a rehacer su dominio sobre el litoral valenciano, pero tuvo que interrumpir sus guerras, porque la reina Constanza le escribió, deseando reconciliarle con Alfonso; él acudió a formar parte de una expedición en contra de los almorávides de Granada dirigida por el rey; pero éste le despidió receloso e implacable (1091). El Cid volvió a persistir en la conquista de Valencia, ciudad que, al fin, tomó en junio de 1094, poniéndola bajo el señorío de su rey. El emperador almorávide, que era ya dueño de casi toda la España musulmana, intentó recuperar Valencia; pero no tuvo la fortuna que en la de Badajoz, pues su ejército fue vencido y deshecho en el Cuarte, a la vista de la gran ciudad (octubre 1094). En sus últimos años el Campeador hizo obispo de Valencia a Jerónimo de Perigord, que anteriormente pertenecía al monasterio de Cluni, en Borgoña (1098). Casó a su segunda hija, María, con el nuevo conde de Barcelona, Ramón Berenguer III el Grande, y a su hija mayor, Cristina, con el infante Ramiro de Navarra, cuyo hijo García llegó a ser rey en Pamplona y cuya nieta Blanca llevó la sangre dl Cid a las familias reales de Castilla, Portugal y Francia.

      Muerte. El héroe murió en Valencia el 10 de julio. Su viuda, Jimena, defendió la ciudad de los ataques de los almorávides durante casi tres años; pero el rey Alfonso, que fue llamado en socorro por su sobrina, no viéndose con fuerzas para conservar la conquista del Cid, abandonó Valencia (mayo 1102), llevándose el cadáver del caballero para darle sepultura en el monasterio de Cárdena (Burgos).

Laura F.E.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

La batalla de Covadonga.

La batalla de Covadonga. La batalla de Covadonga.

Todo lo que esta ocurriendo tiene un mismo trasfondo. La falta de identidad y mitos que los españoles de hoy en día padecemos. Poco a poco mitos como el de Don Pelayo van cobrando una importancia añadida entre los jóvenes nacionales. El próximo día diez de Septiembre, DN realizará un homenaje a este Héroe en Cangas de Onis. Por eso creo necesario enviar a vuestra web este articulo que habla sobre a dimensión histórica del iniciador de nuestra reconquista.

La escasez de información que existe sobre este periodo de nuestra historia ha dado lugar a que algunos de los hechos contados tengan varias perspectivas y versiones. He intentado comparar y contrastar la mayor cantidad de información posible para dar la versión más cercana a la realidad. Sólo en los casos en los que la información sea totalmente opuesta o muy confusa escribiré las dos o más versiones de la historia.

Acerca de la batalla de Covadonga se puede decir que reina una gran confusión. Antes se tendía a mitificar los hechos ocurridos en la batalla; esto se llevaba a cabo por los cronistas cristianos. Hoy en día hay una tendencia a desmitificar la batalla basándose en los cronistas musulmanes (1). He intentado ser lo más objetivo posible con la información de la batalla. Estos dos puntos de vista son totalmente distintos: por un lado los musulmanes llegaron a hablar de una batalla contra los cobradores de tributos, y por el otro lado los cristianos llegaron a hablar de 187.000 soldados musulmanes.

El Héroe
De don Pelayo, Hijo del duque Favila, vástago del rey Rodrigo, no se conoce el lugar de procedencia. De él se ha dicho que es astur, vasco, toledano, gallego, leonés... etc, (2) lo que sí está claro es que es de origen visigodo. Sí se conocen otros datos desde su lucha en Guadalete hasta la llegada a la reunión en Cangas de Onís: Luchó en la batalla de Guadalete, de la que escapó con vida hacia Toledo. De allí salió hacia Asturias junto con Urbano, arzobispo de Toledo, y las reliquias cristianas. Se ve que como descendiente de duque visigodo, ocupó un puesto significativo relacionado con la antigua administración del territorio que seguía vigente desde los visigodos. Al parecer Munuza, valí de Gijón (3), le envió a Córdoba como un jaray, o impuesto territorial (2). Aprovechando la ausencia de Pelayo, Munuza se casó con la hermana de Pelayo ya que este se oponía a la unión. Hasta ahora Pelayo había cooperado con las nuevas autoridades. De Córdoba se fugó al cabo de un año, entre Marzo y Agosto del 717. Tras él fueron algunos perseguidores con intención de prenderle. Se conoce que cruzó por Brece (pequeño pueblo leonés en la antigüedad) y cruzó como pudo el Piloña, que desemboca en el Sella. Una vez pasado esto llegó a Cangas de Onís donde se estaba celebrando una reunión de mandatarios visigodos.

La reunión de Onís
Don Pelayo llegó a la ciudad después de escapar de Córdoba. Después de lo sucedido con su hermana y de que Witiza matara a su padre estaba dispuesto a levantar un foco de resistencia a la invasión musulmana (3). La oportunidad se le presentó cuando vio que en Cangas de Onís se celebraba una reunión de duques y mandatarios visigodos. En esta reunión Pelayo habló de sublevación y mencionó a sus antepasados. Al parecer persuadió a los demás dirigentes con la idea de que el sur de España era una propiedad suya que les habían robado los invasores y por lo tanto tenían que recuperar. El término de “Reconquista” es muy posterior a Pelayo. También habló de aprovechar el alto en la campaña musulmana del norte ya que tenían otros enemigos más importantes (4).

Allí se dice que fue elegido rey, lo cual es improbable. La teoría más apoyada es que simplemente fue elegido jefe militar de sus tropas en el año 718. Como dijo Sánchez-Albornoz, “No hubo allí corte, gobierno ni monarca, sino un caudillo y sus guerreros” (5).

En esta misma reunión se dio el primer paso, no heroico, pero sí decisivo. Se acordó el dejar de pagar el jaray y el yizia, o los impuestos territoriales. Esto suponía que Asturias, y en especial Cangas de Onís, se sublevaba contra Al-Andalus. Hay pequeñas escaramuzas militares por todo el reino y Munuza se ve obligado a pedir ayuda a Córdoba. Los generales musulmanes aprovechan esto para conseguir una victoria fácil que les suba la moral, especialmente necesaria después de las sucesivas derrotas en Septimania.

Covadonga, el sitio idóneo
Pelayo se había enterado de que hacia Asturias se dirigían tropas musulmanas y era hora de preparar una estrategia. Primero debería reunir un ejército. Todas las fuentes coinciden en que Pelayo estaba al mando de unos 300 hombres armados. El camino que deberían seguir las tropas musulmanas era a través de los Picos de Europa. La Cova Dominica, ahora Covadonga, dedicada a la Virgen María era el lugar perfecto para la defensa.

“Se ahonda y profundiza el valle, los cerros se convierten en montañas y al cabo se cierra por completo la garganta” (2). Los abruptos cerros, los caminos entre muros y precipicios junto con los senderos que obligan a dar la vuelta son un buen lugar para una batalla si se conoce el terreno. Si además del amparo de los Picos de Europa encuentras una cueva en la cual esconderte, encima de un camino por el que hay cerros alrededor, has hallado el sitio idóneo. Así es Covadonga y así es el lugar que eligió Pelayo para enfrentarse a su enemigo. Los “asnos salvajes”–así llamaban los musulmanes a los rebeldes del norte– tenían la ventaja de conocer el terreno en el que se desarrolla todo como la palma de su mano, atacar desde arriba y tener la agilidad de trepar o descender por esas paredes. Los musulmanes, al mando de Alqama (2), conocían el terreno abrupto de las montañas de Marruecos pero iban a ciegas por los inexplorados senderos que se crean en los Picos de Europa. Otra desventaja es que Alqama a pesar de tener experiencia no había demostrado ser un gran capitán en cuanto a estrategia se trataba (2).

La Batalla
El 28 de Mayo del año 722 fue la fecha en que sucedió. El número de tropas musulmanas es incierto, se ha dicho que fue una pequeña escaramuza y también que fueron 187,000. Tanto Sánchez Albornoz (2) como Juan Antonio Cebrián (3) coinciden en que fueron unos cuantos miles, diciendo el segundo, que fueron 20,000. Pelayo contaba con trescientos hombres que distribuyó de la siguiente manera: dos tercios fueron a los cerros de alrededor y unos cien hombres junto con Pelayo se quedaron escondidos en la cueva (3). Cuando las tropas musulmanas estaban al alcance, los Astures colocados en los cerros empezaron a disparar flechas y a arrojar piedras. Los musulmanes se defendieron con saetas pero sin que surtieran ningún efecto. Las tropas musulmanas no pudieron organizarse debido a lo estrecho del camino y a lo abrupto del terreno. Ni recibían órdenes ni tenían capacidad de movimiento debido a su gran número. A la vez que los soldados escondidos salían de la cueva que para los musulmanes había sido invisible hasta el momento, los “asnos salvajes” saltaron de los cerros sobre los soldados musulmanes dividiéndolos en dos grupos. El pánico se apoderó de ellos y huyeron como pudieron. Alqama murió en la batalla y Oppos, el cristiano traidor, fue capturado. Todas las fuentes coinciden en la estrategia seguida, aunque Sánchez Albornoz (2) es el que lo explica con más detalle.


El Mito
Cuenta la historia que durante la batalla de Covadonga, se abrieron los cielos y se distinguió una figura. Era una cruz la que estaba plasmada. Don Pelayo entonces juntó dos palos de roble en forma de cruz. Los alzó sobre el campo de batalla en el que se situaban los musulmanes y llovieron piedras sobre ellos. Así, los cristianos derrotaron a los ejércitos herejes a base de piedras desde la cueva de Covadonga donde se encontraba la Virgen María. Otra versión de la historia dice que cuando Don Pelayo alzó la cruz en el campo de batalla, el general musulmán (Alqama), falleció y los musulmanes al ver esto se retiraron y huyeron de la batalla. Una vez vencidos los musulmanes, la corona de la Virgen María brillaba con esplendor dentro de la cueva (3) (6).

La Trascendencia de la Victoria
Cuando Munuza recibió la noticia de que el rebelde “asno salvaje” había derrotado al ejército enviado por Córdoba se retiró de Gijón y Asturias quedó como un gran foco de resistencia. Pelayo entonces instaló la capital en Cangas de Onís, y desde allí gobernó el reino rebelde. Las noticias de la victoria de Pelayo pronto llegaron a todos los rincones de los territorios cristianos y pronto Pelayo dispuso de 150 caballos y 8.000 infantes (3). Con estas tropas se dispuso a la conquista de León, donde estaban fortificados los muchos soldados que habían escapado de Covadonga. No se sabe qué pasó con el ataque, y tampoco parece que tenga mucho soporte. La victoria de Pelayo dio moral y esperanza a los cristianos que se habían refugiado en el norte. Era la primera vez que se venció a los musulmanes y se puede decir que fue la primera batalla de “La Reconquista”, el término aún no se utilizaba.

Cuando Pelayo murió por enfermedad en el 737 dejó el trono a su hijo, que murió a los dos años por el ataque de un oso cuando estaba de caza. Pelayo fue enterrado en Santa Eulalia, cerca de Covadonga y más tarde sus restos fueron llevados a la propia cueva.

La Cruz que forjó Pelayo según la leyenda en la batalla, ha permanecido hasta nuestros días en el escudo oficial de la bandera de Asturias y en la cruz que mandó forjar Alfonso III el Magno y que hoy se encuentra en la Santa Catedral Basílica.

“Trae de azur la Cruz de la Victoria, también llamada de Pelayo, revestida de oro y piedras preciosas por Alfonso III el Magno en el Castillo de Gauzón, trasladada después al relicario de la Santa Catedral Basílica donde se resguarda; penden de sus brazos las letras A (Alpha) y ? (Omega), primera y última del abecedario griego, simbolizando a Cristo, principio y fin de todo lo creado; y por orla, alrededor del escudo, las palabras “Hoc signo teutur pius” a la diestra, y “Hoc signo vincitur inimicus” a la siniestra de oro” (6). (Ciriaco Miguel Vigil, “Heráldica Asturiana”. Oviedo 1892)

El Término Reconquista
Esta expresión apareció más tarde, en tiempos de Alfonso III, para dar moral a las tropas cristianas en la conquista de la Península. Puso en boca de Don Pelayo las siguientes palabras:

“En Cristo esperamos que por este cerro que aquí veis vuelva la salvación en España y la restauración en el ejército del pueblo Godo... Esperemos que su misericordia venga a recuperar la Iglesia, o sea, el pueblo y el reino” (4).

De aquí y de la idea goda de que el Sur era suyo, que había que recuperar lo robado por los musulmanes, salió el término de “Reconquista”. Es muy curioso que los demás países no iniciaran algo semejante en situaciones parecidas. La resistencia que siempre ha tenido el norte de la península a las invasiones como la romana, es muy peculiar y puede que se deba al aislamiento que siempre ha sufrido debido a la situación geográfica (2).

Notas:

1. Besga Marroquín, Armando “Los Orígenes de la Reconquista”, en Historia 16, 323, (2003) Págs. 29-35.

2. Sánchez Albornoz, Claudio: Orígenes de la Nación Española, El reino de

Asturias, Madrid, Sarpe, 1985

3. Cebrián, Juan Antonio: La Cruzada del Sur, España, La Esfera de los Libros,

2003

4. W. Lomax, Derek: La Reconquista, España, Crítica, 1984

5. Benito Ruano, Eloy(Real Academia de la Historia) “La Monarquia Asturiana”, en

Historia 16, (1989) págs 52-57

6. Mis abuelos, me contaron la versión que les habían contado a ellos en el colegio; los dos son asturianos

7. http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/cultura/himno2/

María Pita: una heroína gallega

María Pita: una heroína gallega En 1586, una flota pirata inglesa al mando de Francis Drake realizo una incursión contra Florida (por aquel entonces posesión española). Los continuos ataques de Drake y la política hostil de la reina de Inglaterra, Isabel I, contra España, decidieron a Felipe II a planear una invasión sobre la isla bajo el mando de Alvaro de Bazán, el mejor marino de aquellos tiempos.

La operación se retraso dos años, tiempo durante el cual murió Bazán, por lo que se puso al mando de la Armada al duque Medinasidonia, incapaz de dirigirla, y a Alejandro Farnesio al mando de las tropas de invasión.
La Armada partió de Lisboa el 20 de mayo de 1.588 con 130 buques, 8.253 marinos 2088 remeros, más 19.295 soldados.

La incapacidad de Medinasidonia, las tempestades y los ataques ingleses condujeron a la Armada invencible al fracaso. España perdió 20.000 hombres y 100 buques. Felipe II al conocer la derrota, exclamo: “Doy gracias a Dios por haberme dado medios para poder sufrir fácilmente una perdida semejante y porque todavía estoy en situación de volver a construir otra flota tan grande. Una rama ha sido cortada, pero todavía esta verde el tronco y puede producir otras nuevas”.

Los ingleses no esperaron a que la rama volviese a crecer, y el 4 de mayo de 1589 una flota inglesa con más de 20.000 hombres, al mando de Francis Drake, apareció frente a las costas de Coruña.El objetivo del corsario inglés era ocupar Galicia y promover un levantamiento en Portugal contra España.

El 5 de mayo los ingleses se lanzaron al asalto sobre la pescadería y la ciudad. La superioridad numérica de los hombres de Drake les permitió alcanzar las murallas y abrir brecha. Un alférez ingles, bandera en mano, subió por la brecha hasta la parte mas alta de la muralla animando a su soldadesca a seguirle y a penetrar en la ciudad. Y en ese preciso momento, cuando todo parecía perdido, Maria Pita, una mujer de treinta y tantos años, se abalanzo armada con una lanza contra el alférez ingles. Con el enemigo caído a sus pies, Maria Pita arengo a los defensores a expulsar al invasor. Encendidos por su valor, los soldados españoles cayeron sobre los ingleses que se batieron en retirada, sufriendo enormes bajas. Tras la batalla, esta valiente mujer se dedico a curar a los heridos.

Maria Mayor Fernandez de Camara y Pita estuvo casada cuatro veces y tuvo cuatro hijos (dos de los cuales fueron soldados), tras la muerte de su ultimo marido, pidió ayuda a la Corona. Felipe II le concedió sueldo de Alférez y una soldada adicional.Murió en 1643.

Maria Pita no fue la única mujer que destaco por su valor en la batalla de Coruña, otra mujer, Inés de Ben lucho denodadamente en la pescadería tras la muerte de su marido y recibió dos arcabuzazos de los soldados ingleses.
Tras su derrota en el asalto, Drake se vio obligado a levar anclas y volver a Inglaterra. La victoria en Coruña evito la invasión de nuestra tierra, y permitió que las ramas de las naves del Imperio volviesen a crecer.

Álvaro Peñas López
Vice-presidente de DN
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

7 de octubre: la batalla de Lepanto.

<strong>7 de octubre: la batalla de Lepanto.</strong> El año 1571. Tras su derrota ante las murallas de Malta, los turcos musulmanes despliegan en el Mediterráneo una flota de enormes proporciones - 277 naves ( 221 galeras y 6 de otras clases) y 92.000 hombres (34.000 soldados, 13.000 marineros y 45.000 remeros) - con el objetivo de conquistar las posesiones venecianas en Chipre y dominar el Mediterráneo.
La fortaleza de Famagusta en Chipre fue cercada, tras resistir 65 días con tan solo 7.000 hombres al empuje turco, el gobernador de la plaza Marco Antonio Bragadino negocio la capitulación de la ciudad para asegurar la evacuación de la poblaron cristiana. Los musulmanes no respetaron lo acordado, Bragadino y muchos de sus hombres fueron torturados y ejecutados, los habitantes de Famagusta se convirtieron en esclavos.
Ante esta amenaza, se forma la Santa Liga. España aporta la mitad de la fuerza, un cuarto lo aporta el Papa y otro cuarto los venecianos. Al frente de la Liga se designo, con solo 24 años de edad al hermano de Felipe II, Don Juan de Austria.
Para frenar a los turcos, Don Juan de Austria cuenta con 273 naves, de las que 207 son galeras (67 españolas, 109 de Venecia, 12 del Papa, 3 de Saboya, 3 de Malta y 3 de Génova) y con 28.000 hombres, de los que 18.000 son soldados al servicio de España: 5.000 alemanes, 5.000 italianos 8.000 españoles de los Tercios de Sicilia, Nápoles, Lombardía, de Lope de Figueroa y de Moncada. A los que hay que añadir 13.000 marineros y 43.000 galeotes.
El 7 de octubre las flotas se encuentran en el Golfo de Lepanto. La batalla comienza en el ala derecha en donde las naves se encuentran más cerca de tierra, haciéndose con la victoria el veneciano Barbarigo frente al turco Sirocco. Ambos resultan muertos en la lucha, Barbarigo por una flecha en su ojo derecho y Sirocco degollado en el asalto a la nave Capitana de los venecianos.
En el ala izquierda los turcos de Uluch Alí se hacen con la victoria tomando la nave Capitana Maltesa, sin embargo ante la victoria cristiana en el Norte y en el centro los musulmanes se baten en retirada.
En el centro Don Juan de Austria identifico la nave de su rival turco Alí Pacha - la “Sultana”-, enviando su nave -la “Real”- contra ella. Sin embargo, fue la “Sultana” la que arremetió contra la “Real” con tanta fuerza que su espolón entro hasta el cuarto banco de remeros. Los españoles abordaron la nave turca, pero pronto se vieron obligados a retroceder ante el empuje de decenas de jenízaros y soldados turcos de refuerzo provenientes de otras siete galeras. Lope de Moncada y los hombres de su tercio apenas pueden contener la marea musulmana y el mismo Don Juan de Austria esgrime su espada como un soldado de infantería para hacerles retroceder. La situación se vuelve desesperada hasta la llegada de doscientos hombres del tercio de Figueroa, con su apoyo los españoles entran en la “Sultana” acabando con la resistencia turca. Alí Pacha muere arco en mano, un soldado le entrega su cabeza a Don Juan de Austria que ordena arrojarla al mar. Entre gritos de ¡victoria! los españoles arrían el estandarte turco e izan el de la Liga. La “Real”, quedo tan maltrecha que tras su llegada a puerto nunca volvió a navegar.
Dentro de lo que fue la batalla, es importante recordar algunas acciones de los soldados españoles que en aquellos tiempos eran merecidamente conocidos como la mejor infantería del mundo.
El infante Antonio de Paredes pese a estar herido de un flechazo en el pecho y otro en la pierna, se lanzo al abordaje hasta resultar muerto al ser alcanzado en la garganta.
El sargento Martín Muñoz pese a estar enfermo mato a varios enemigos, recibiendo nueve saetazos. Finalmente una explosión le arranco la pierna, diciendo antes de morir:”señores, cada uno haga otro tanto”.
El capitán Pedro Jiménez de Heredia cayo al mar ardiendo, nado hasta su galera, se cambio de ropa y volvió al combate.
Por ultimo citar al más ilustre alcalaíno Miguel de Cervantes Saavedra, soldado del Tercio de Nápoles que perdió un brazo en la batalla y que posteriormente recibiría una carta de recomendación de Don Juan de Austria para que se le encomendase el mando de diez soldados a su regreso a España. Cervantes definió Lepanto “como la mayor jornada que vieron los siglos”.
La derrota de los turcos fue total: 30.000 muertos, 5.000 prisioneros, 130 naves capturadas, 30 naves hundidas y 99 inutilizadas. La Liga perdió 8.000 hombres, de los que 2.000 eran españoles, pero libero a 12.000 galeotes cristianos. La batalla de Lepanto no acabo con el poder naval de los turcos, pero añadida a la derrota que sufrieron ante Malta a manos de la Orden de dicha ciudad y de los tercios españoles en 1565, sirvió para evitar que el Mediterráneo se convirtiese en un lago musulmán. De hecho todas las invasiones posteriores musulmanas sobre Europa serian por tierra. España, como hizo en otras ocasiones, cerro de nuevo el paso al avance musulmán contra Europa.

Álvaro Peñas Lopez.
Vice-presidente de DN

HONOR Y GLORIA A NUESTROS HEROES, CAIDOS POR ESPAÑA Y POR EUROPA.

dn-joven@democracianacional.org

Image Hosted by ImageShack.us
Don Juan de Austria.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres